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CICLO C La Inmaculada |
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La Inmaculada tiene una prehistoria tan larga como la
humanidad. Así nos lo presenta la Biblia. Su punto de partida es la
existencia penosa del hombre sobre la tierra. Esta situación lamentable
no pudo haber sido así desde el principio. Alguien introdujo un elemento
desequilibrador de la acción de Dios. Y así apareció en escena el mito
de la culpabilidad humana. (primera lectura). El hombre acusado se
disculpa y culpa a la mujer; la mujer se disculpa y culpa a la serpiente;
por la serpiente, creatura de Dios, la acusación va hacia atrás. Pero la
excusa no elude el juicio de Dios, que está presente en todos los
momentos. El hombre descubre su desnudez ( no se trata de
la desnudez corporal, sino de la espiritual, de la lejanía de Dios y de
la pérdida de su amistad). La pena por la culpa inventa la aparición de
algo ya existente: por su misma naturaleza la serpiente es un animal
reptante; la mujer llega a ser madre con fatiga y dolor; el hombre
alcanzará el sustento mediante el sudor de su trabajo. Esto fue así
siempre. El cambio se limita a que los encausados reconozcan la penalidad
y culpabilidad que únicamente son visibles desde la fe en el Dios que
quiere ser próximo a nosotros y del que nosotros nos hemos alejado. La
causa del nombre dado a Eva nos lo ofrece el texto bíblico de esta
manera: “Adán llamó Eva a su mujer, por ser la madre de todos los
vivientes” (Gn 3,20). En la mente del autor sagrado aparece la idea de
la unidad del género humano.
La Inmaculada ha sido presentada como la explicación de todos los
fracasos humanos originados en una culpabilidad moral ocurrida en los orígenes
de nuestros ancestros más
remotos. Pero es más que eso. Muchísimo más. La Inmaculada es el logro
más perfecto del poder fecundante impreso por Dios en aquella bolita
insignificante a partir de la cual se originó y sigue ampliándose
nuestro cosmos, lo que hoy comúnmente llamamos el big bang. Su luz
potente ilumina la caverna oscura y tapona el pozo de las fauces abiertas
con infinitas ansias devoradoras. Poder infinito creador de estrellas, de
galaxias, de todo lo microscópico y de los elementos invisibles e
indivisibles a partir de los cuales surgió la vida. Una vida que alcanzó
su plenitud, después de muchos millones de intentos de superación, en su
contacto personal con la Vida. Esta Vida, participada por una persona
llamada María, nos es descrita en nuestro precioso texto evangélico, con
las pinceladas magistrales de un gran artista. Las enumeramos a continuación:
(segunda lectura). a)
El saludo que se le dirige se halla cargado con la acción divina
efectiva y creadora.- b) Es partícipe de la plenitud de la
gracia.- c) Se le garantiza la presencia de Dios en ella.- d)
Los ojos de Dios, Dios mismo, se complace en ella.- e) Va a ser
portadora de un hijo que será llamado Jesús = Salvador.- f) Su
hijo será grande e
Hijo del Altísimo.- g) En él se cumplirán las promesas del pasado,
porque será el portador de un Reino eterno.- h) La sombra o la
nube que la cubrirá, significativas siempre de Dios mismo en su
cercanía y protección de los hombres, se establecerá en ella.- i)
El Espíritu Santo, la fuerza del Altísimo o la realidad divina,
que son expresiones sinónimas, la convertirá en el lugar de su
presencia.- j) El poder ilimitado de Dios hará posible lo que ella
consideraría imposible. Su
temor del principio no es miedo, sino el respeto debido a lo
sagrado que la envuelve absolutamente. El temor no es miedo sino
obediencia a la voluntad de Dios; el comienzo de la Sabiduría (Sal
111,10). El que teme a Yahvé le conoce. El principio de todo
conocimiento acerca a Dios en el encuentro con él. La acogida del don
divino o de Dios como don inicia unas nuevas relaciones que la
convierten en sierva-sirviente-instrumento de la obra de Dios que va a
llevar a su culminación en ella. La esclavitud divina es indicadora de la
verdadera libertad. Lucas
ha estado magnífico en su maravillosa descripción y la liturgia del día
de la Inmaculada ha sabido recoger y resaltar los puntos mencionados. Nos
los ha ofrecido como el espejo en el que mejor se refleja la belleza y la
profundidad del misterio de la Inmaculada. No ha recurrido a la
negatividad. Ha preferido la positividad para ofrecernos el magnífico
cuadro realizado por el Artista supremo. El evangelista Lucas nos ha
ofrecido, en lo que nosotros conocemos torpemente como la Inmaculada, la
acción amorosa de Dios, que supera con creces la imagen platónica de la
caverna y mucho más la del Dios sádico que nos arroja al pozo para
sacarnos luego de él, y que a una persona llamada María la evita la caída
por singular privilegio. El Dios que es amor, lo es siempre. No
deja de serlo ni cuando se enfada. Entre otras razones, porque nunca se
enfada. Nuestra
venida a la existencia manchados con el pecado original debe ser
sustituida por nuestra llegada a este mundo en estado de gracia
original. Esto significa que todo hombre, al entrar en la existencia,
se encuentra en situación teologal de gracia y de amistad con Dios,
incorporado ya a Cristo, sacramento universal de salvación, en estado de
“gracia original”. La entrada del hombre en el mundo debe ser
considerada desde la voluntad salvadora de Dios. Dios quiere que
todos los hombres se salven y el argumento supremo que lo demuestra de
forma irrefutable, con la evidencia que nos proporciona la fe, es el envío
o la misión de su Hijo. Cada
hombre recibe la gracia divina con el originarse mismo de su vida, en el
primer instante de su ser natural como tal individuo humano. ¿Igual
que la Inmaculada? Este
dogma exige una seria revisión. Fundamentalmente consiste no en
la ausencia de pecado, sino en la plenitud de la gracia. Remitimos
a los puntos o pinceladas del cuadro de la Inmaculada que nos ofrece
Lucas. La singularidad y el privilegio (de los que habla la
Bula definitoria de la Inmaculada: “Ineffabilis Deus”, Pio IX el año
1854) deben ser entendidos en sentido inclusivo, no exclusivo. A
María se le concede la gracia en forma ejemplar, como un modelo o
paradigma, al estilo de la fuente de la que pueden beneficiarse todos los
sedientos. Ella es el inicio de la nueva Creación, de la Iglesia de los
redimidos, de la Humanidad nueva. Este es el sentido del significa
inclusivo. Lo cual significa que no excluye a los demás que la reciben en
menor perfección y riqueza de contenido y de consecuencias. En
nuestro lenguaje tenemos expresiones similares. Si decimos que S Hawking o
san Agustín tienen una inteligencia “singular, privilegiada”, no
sugerimos que los demás carezcamos de ella, sino que la tenemos en menor
perfección y plenitud de sentido. Este nuevo planteamiento acepta con
toda la obligada seriedad necesaria la visión evolutiva del mundo y el
problema de la mortandad
de la humanidad infantil, es decir, la de todos aquellos que murieron
siendo niños-infantes, a los que hay que añadir la inmensa mayoría de
los seres humanos que han iniciado la vida y la han terminado sin haber
llegado a conseguir la suficiente madurez religioso-moral; han muerto en
“edad infantil”. ¿Son miserables porque son reos? Esta concepción
agustiniana es sencillamente inaceptable. El apóstol Pablo no habla de la Inmaculada. La incluye en el himno que canta la acción salvadora de Dios realizada en Cristo (segunda lectura). En la parte referida en la liturgia de hoy destaca los aspectos siguientes: a) El Dios que nos presenta el Apóstol nos ha bendecido en Cristo: las bendiciones o gracias que Dios nos concede son inseparables de él, que es la cabeza del Cuerpo. Se trata de bendiciones espirituales: son llamadas así porque surgen como consecuencia de la presencia operante del Espíritu.- b) El pensamiento de la elección (v.4) presenta a la Iglesia como el pueblo elegido. Ella es la atmósfera sagrada en la que vive el creyente. Quien vive en esa atmósfera sagrada debe esforzarse por llevar una vida en consonancia con ella.- c) El pensamiento de la predestinación (v.5) no debe ser entendido de forma determinista, que quite la libertad al individuo. Se trata de la Iglesia como tal; los creyentes se adhieren a ella libremente, y en ella se convierten en hijos adoptivos de Dios por medio de su Hijo: hijos gracias al Hijo. Los creyentes no constituyen la Iglesia. Son constituidos en Iglesia.- d) La participación en la herencia de Dios (v.11-14), a oídos judíos evocaba el tema de la herencia de la tierra prometida. Con el tiempo, ésta se convirtió en el símbolo del reino de Dios: “heredarán la tierra” (Mt 5,4). La herencia es un concepto similar al reino de Dios, la Vida, la Gloria, la Adopción filial... Felipe F. Ramos Lectoral |