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La Catedral acoge la misa de funeral por D. Antonio Trobajo, deán del primer templo diocesano

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El obispo Don Julián López remarcó que “Don Antonio gastó su vida, su saber y su bonhomía de carácter y de conducta al servicio de la Iglesia”

Funeral Trobajo 4

La Catedral de León acogía esta tarde la misa de funeral por D. Antonio Trobajo, quien fuera deán del primer templo diocesano, fallecido el pasado día 11 de abril, Sábado Santo, en Madrid durante la situación de alerta sanitaria, víctima de una enfermedad diagnosticada el pasado mes de agosto y que desde entonces le mantuvo apartado de la vida pública. Una celebración con aforo limitado para cumplir con la distancia social que imponen las medidas de distanciamiento por causa de la pandemia, con fieles que se repartieron por todo el templo, que presidió el obispo de León, Don Julián López, y que contó con la presencia de los cabildos Catedral y Colegial, una amplia representación del presbiterio diocesano que concelebró e integrantes de distintas comunidades de vida consagrada y movimientos y asociaciones eclesiales a las que dedicó su atención quien también fuera vicario general de la Diócesis durante diez años.

 

VIDA, SABER Y BONHOMÍA

En su homilía, el obispo Don Julián se refirió a la figura de D. Antonio Trobajo recordando “el dolor que sentimos el pasado día 11 de abril, que se vio aumentado por las dificultades impuestas por la situación de pandemia y que no nos permitió celebrar entonces sus exequias” y remarcando que “Don Antonio ha sido un sacerdote al que la Iglesia, nuestra Iglesia diocesana en primer lugar, debe mucho”. Tras repasar el extenso curriculum de quien fuera vicario episcopal del Relaciones Públicas, Mons. López Martín hizo hincapié en que “ante todo y sobre, Don Antonio fue un servidor del Evangelio y de la Iglesia, extraordinariamente valioso, ilustro y abnegado”. “Gastó su vida, su saber y su bonhomía de carácter y de conducta al servicio de la Iglesia” subrayó el prelado legionense para pedir “nuestra oración y nuestros sufragios por él, como también por todos los demás presbíteros de nuestra Diócesis que nos han dejado en esta tremenda etapa que nos ha tocado vivir y que aún no ha concluido totalmente”.

En nombre del Cabildo Catedral intervino al concluir la celebración el canónigo y vicario general, Florentino Alonso, que manifestó “el inmenso regalo que ha supuesto para todos nosotros la persona y el sacerdocio de Don Antonio” y remarcó el “rastro de buen hacer y de bondad que los que hemos vivido y trabajado con él de forma cercana hemos podido conocer, podemos decir que ha sido para nosotros signo y sacramento de Jesucristo buen pastor, compañero, amigo, padre y maestro, dándonos siempre seguridad y confianza para afrontar los problemas; lleno de fe, enamorado de Jesucristo y de su sacerdocio, dotado de unas cualidades extraordinarias sabía ir siempre a la solución de los problemas de cada persona que a él acudía; gracias Señor por todo lo que nos dio Don Antonio”.

Y en nombre de la familia la sobrina María Teresa quiso “dar las gracias al señor obispo Don Julián por la preocupación y entrega hacia la persona de mi tío; a todos sus compañeros canónigos, sacerdotes y religiosos, que tanto se han preocupado por él; a sus amigos, familiares o simplemente vecinos, de los cuales sólo ha recibido ánimo en su enfermedad y elogios en su muerte”. Un testimonio de gratitud para toda la familia, y en especial para sus dos sobrinas-nietas, que María Teresa cerró con el recuero a la palabras de “nuestro querido tío Toño, que nos dejó después de una larga y penosa enfermedad: murió Antonio Trobajo, enamorado del amor y de la vida, buena persona, buen cristiano, que vivió para la Iglesia que tanto amaba. Y recuerdo las palabras que mi tío me dijo cuando fue consciente de que llegaba su hora cuando faltaban ochos días para Jueves Santo: ‘sobrina, esto se acaba. Ahora me toca a mí en estos días llevar la cruz de Cristo’, en esas palabras yo pude sentir su entrega amorosa al Padre ¡Que Dios le tenga en su gloria!”.

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